La Selección Colombia femenina de baloncesto vuelve a repetir el 5.º puesto en el torneo, por cuarta vez consecutiva. Cabe destacar que, a diferencia de los torneos de la FIFA —donde, tras quedar eliminados en octavos o cuartos de final, los puestos del 5.º al 16.º se asignan según puntos y goles—, en FIBA cada posición debe ganarse en la cancha, es decir, nuestra selección, luego de perder en cuartos de final contra Canadá, tuvo que disputar dos partidos más para obtener ese quinto lugar, enfrentando a otras selecciones también eliminadas en cuartos. En ese sentido, se trata de un logro legítimo y meritorio, conseguido en la cancha y con mucho esfuerzo.
Sin embargo, el resultado deja un sabor agridulce, ya que había
una posibilidad real de mejorar la posición, al menos alcanzando el 4.º
lugar. El cruce contra Canadá en cuartos fue producto de una ajustada derrota
en fase de grupos ante Puerto Rico, por apenas una canasta, luego de que las
boricuas lograran una racha de 17 puntos sin respuesta. De haber ganado ese
partido, el rival en cuartos habría sido Argentina, un equipo al que había
una alta probabilidad de vencer.
Aun así, en este espacio sostuvimos que Colombia podía competirle a Canadá, y es justo reconocer que el entrenador Cuenca planteó muy bien el partido. Intentó replicar lo que le permitió a Brasil vencer a las canadienses en fase de grupos: explotar al máximo el juego interior con Dantas y Cardoso, quienes jugaron 37 de los 40 minutos posibles. Ejecutaron un juego de poste alto–poste bajo brillante, con muy pocos errores. Incluso, en los dos primeros cuartos, Brasil aplicó transiciones rápidas a pesar del físico de sus pívots.
Brasil también impuso un juego muy físico desde el inicio.
Enviaron un mensaje claro: entrar a la pintura tendría consecuencias. De hecho,
la pívot canadiense debió jugar con atención nasal tras una hemorragia en el
primer cuarto. En el rebote —tanto ofensivo como defensivo— todo el equipo
brasileño luchaba cada balón como si fuera el último. Esto condujo a una Canadá
frustrada que cometió varias faltas ofensivas, al ser un equipo poco ágil para
el rebote ofensivo.
Entonces, ¿dónde estuvo la diferencia si Colombia intentó
replicar el mismo enfoque? ¿Por qué perdimos por 24 puntos? Hasta el minuto 7
del primer cuarto el partido era parejo, con una Colombia intentando emular el
planteamiento brasileño. Pero el último pase hacia la pintura —dirigido a
Yuliana Paz— solía fallar, y cuando lograba concretarse, las defensoras
canadienses se recuperaban rápidamente y le dificultaban el tiro. Si bien Paz
elevó mucho su nivel en los últimos partidos (salvo contra EE. UU. por el
ritmo), aún no tiene el desarrollo ofensivo de Dantas o Cardoso: proteger el
balón, no bajar el balón, girar usando el antebrazo y los codos, usar bien el
cuerpo, etc. Aun así, era importante mantenerla en cancha: se le veía enfocada,
sin miedo. Jugó solo 20 minutos, aunque hubiese sido razonable darle al
menos 26. Tiene apenas 25 años, ocho menos que Dantas.
Parte de las dificultades también se debieron a la defensa
canadiense, que hizo marca uno vs uno con poca rotación, dejando libres los
tiros de media y larga distancia. Lamentablemente, faltó confianza para
tomarlos, salvo en el caso de Carolina López en los dos primeros cuartos y
de Delgado en el tercero y cuarto. Esa confianza sí estuvo presente en otros
partidos. De hecho, en el tercer cuarto Delgado supo aprovechar los espacios,
anotando varias canastas gracias también a los buenos pases de López.
En este punto quedaron en deuda las veteranas Ríos,
Martínez, Delgado y Muñoz, especialistas en tiros en suspensión, quienes debieron
asumir más protagonismo ofensivo ante la defensa que ofrecía Canadá.
En resumen, aunque perder era una posibilidad, no debía
haber sido por una diferencia de 24 puntos. También nos afectaron la lesión
de Moscarella y el hecho de que los árbitros permitieran un alto grado de
contacto físico por parte de las canadienses.
A pesar de todo, merecen reconocimiento Yuliana Paz y
Manuela Vente, así como Caicedo por su intensidad defensiva. Carolina López
tuvo un muy buen partido en ataque; merece una oportunidad en alguna gran liga
internacional, y si sigue a este nivel y se muestra también en torneos 3x3,
seguramente la tendrá.
Gracias a las jugadoras y al cuerpo técnico. Han hecho un
gran trabajo. Hay material para seguir creciendo, y quizás sea cuestión
de tiempo (y algo de suerte) para entrar en el top 4 o alcanzar un podio.
Brasil depende en gran medida de Dantas (33 años), y Argentina de Gretter (32).
En cambio, Colombia tiene un equipo cuyas principales figuras están entre los
25 y 28 años. Y, como no nos cansaremos de repetir, Moscarella tiene apenas
18 años y puede jugar en casi todas las posiciones. El futuro está ahí.