miércoles, 27 de septiembre de 2023

Blog Maldonado: Justos y Pecadores

Justos y pecadores

El Mundo
27 Feb 2009 - 11:37 PM
Juan Camilo Maldonado T. / Enviado Especial, bajo Cauca

La política de “cero ilícitos” deja por fuera a cientos de campesinos que quieren erradicar cultivos de coca. Las agencias de cooperación internacional no se ponen de acuerdo.

“¿Por qué no llevan a los gringos adonde sí hay coca?”, se pregunta un soldado parado a pocos metros del río Nechí. Con picardía, observa al grupo de diplomáticos y funcionarios del Gobierno que caminan, junto algunos campesinos, por entre un potrero interrumpido por retoños de maíz. “Es cuestión de montarlos en un helicóptero”, insiste en voz baja el uniformado, mientras señala río arriba, hacia ese paraje donde Antioquia se funde con el departamento de Córdoba y en el que el conflicto, aunque no se ve, se siente en el aire.

Aquí llegó primero el oro; con el oro, la guerra, y con la guerra, la coca, “y de eso hace ya 25 años, es toda una cultura”, explica un funcionario de la Alcaldía de El Bagre, en un caluroso día de febrero.

La comisión visitante es encabezada por Victoria Eugenia Restrepo y Lawrence Hardy. La primera, directora del Programa Presidencial contra Cultivos Ilícitos, y el segundo, subdirector de USAID, agencia de cooperación de los Estados Unidos.

A Restrepo, los campesinos de la vereda Puerto Jobo, vecina de El Bagre, la tratan con reverencia, se refieren a ella como “madre” y le dan gracias interminables por la manera como los convirtió en propietarios de tierras y les devolvió la esperanza en la agricultura. En los últimos meses, decenas de familias de esta vereda se han unido para cultivar maíz y yuca, y han empezado a comprar ganado, con el anhelo de comercializar leche. Todo gracias al programa de desarrollo alternativo, que desde 2002 les propone a los campesinos cambiar la coca por alternativas legales.

“¿Hace cuánto dejaron la coca?”, les pregunto, mientras caminamos por sus tierras. Su líder, don José Solano, un apergaminado y delgado campesino, me mira con seriedad y niega con la cabeza. A su lado, una señora de igual semblante le pone palabras a su gesto: “Aquí nunca sembramos coca. Eso nunca nos llegó”

A nuestro lado, el soldado sigue insistiendo en voz baja que en una semana volarán, solos y sin gringos, adonde sí hay y ha habido siempre coca.

La regla de oro

En esto del desarrollo alternativo hay una ley inquebrantable. Se la inventó Victoria Eugenia Restrepo, respaldada por el presidente Álvaro Uribe. Todos en el gremio se refieren a ella como la política de “cero ilícitos”, una de las más polémicas medidas en el sector de la cooperación internacional. La iniciativa se resume con facilidad: no habrá ayuda del Gobierno o de las agencias de cooperación internacional mientras todos, absolutamente todos, los habitantes de una vereda no acaben con la última hoja de coca.

Muy cerca de El Bagre existe una vereda llamada Los Aguacates. Allí, como en muchas otras partes del bajo Cauca, los hombres de Don Mario y Sebastián se disputan las rutas de comercialización de la hoja de coca. También rondan por la región las Farc y el Eln.

 Hace unos meses, 14 familias de Los Aguacates fueron expulsadas de un programa de USAID. La vereda había pasado un buen tiempo sin coca, pero un grupo de campesinos volvió a sembrar. “Son zonas de grupos ilegales que los inducen a cultivar”, explica una funcionaria de USAID en Antioquia. “Pero ninguna de las 14 familias había reincidido. Y sin embargo, por la política, fueron “descertificados”.

Según pudo establecer El Espectador, durante el último año USAID cerró 21 proyectos en veredas cocaleras de todo el país. “En ellas, la gran mayoría de las familias quería erradicar, pero la política de cero ilícitos nos impidió brindarles apoyo”, explica un alto funcionario de USAID, mientras recorre una escuela financiada por su gobierno, en la vereda La Pajuila, cercana de El Bagre.

La comunidad acaba de recibir los fondos que estaban destinados a Los Aguacates, y ahora adelanta un proyecto de cultivo de caucho. Con iniciativas como ésta, los funcionarios de Acción Social calculan que cerca de cuatro millones de hectáreas se mantienen libres de coca en el país.

Sin embargo, una gran mayoría de estas tierras nunca fue sembrada con coca. “El problema con la política de cero ilícitos —reconoce el representante de USAID entre el calor sofocante y las paredes color verde menta de la nueva escuela en la Pajuila — es que cada vez más estamos buscando desarrollar proyectos en zonas donde el asunto sea más fácil, donde no tengamos que cancelar por descertificación. En últimas, donde no haya coca”.

Una política “no tan justa”

“Hace una semana me mataron otro erradicador”, dice, y pone sobre la mesa en su oficina en Bogotá una pistola artesanal de madera, con una trampa para ratones en la base. El rostro de Victoria Eugenia Restrepo se ensombrece: “Los narcos las amarran a las plantas y cuando llegan los erradicadores manuales, se accionan automáticamente”. Cuando habla de los erradicadores asesinados, o del último informe de Naciones Unidas, que el año pasado indicó un incremento de 27 mil hectáreas de cultivos de coca, pareciera que a Restrepo se le quebraran los ojos.

Pero cuando habla de la política de cero ilícitos, su gesto es diferente. Para ella —que diseñó las reglas del juego, tras el fracaso de la erradicación de cultivos en Putumayo, durante la primera fase de Plan Colombia— la medida es necesaria. También lo es para Aldo Lale-Demoz, director para Colombia de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el delito (Unodoc), conocedor de las políticas de erradicación gradual que fallaron en Perú y Bolivia, y quien sostiene que en Colombia no hay manera de que los campesinos dejen la coca si  “coexiste lo legal con lo ilícito”. Para ellos la lógica es clara: si le das semillas de cacao, y siguen sembrando coca, no van a dejarla.

Pero negarles a veredas enteras la asistencia por cuenta de un par de “cultivadores crónicos”, como los suele llamar Victoria Eugenia Restrepo, ha sido un punto difícil de manejar con las agencias internacionales, especialmente con los europeos. “Si el Gobierno no nos deja trabajar con veredas donde sólo hay un productor de coca, realmente nos impide trabajar en muchas regiones”, sostiene Thierry Dudermel, jefe de cooperación de la delegación en Colombia de la Comisión Europea. Esta tensión ha hecho que, en palabras de un funcionario de Acción Social, los europeos trabajen en Colombia lejos del Gobierno, “y se meten como les parece”.

A los estadounidenses tampoco les termina de hacer gracia, como quedó consagrado a finales del año pasado en un informe presentado al hoy vicepresidente  Joe Biden cuando aún presidía la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Por un lado les choca el no poder entrar a ayudar a familias interesadas en dejar la coca. Y también les preocupa que se esté promoviendo una suerte de presión social interna, para que toda la vereda erradique: “Están poniendo a campesinos contra campesinos, y la comunidad tiene que jugar un papel de fuerza pública que le corresponde realmente a la Policía”, confiesa otro funcionario de USAID.

“Que es una medida a veces poco justa, tengo que reconocer que sí”, dice Restrepo. Para casos en los que los campesinos no pueden acceder porque uno de sus vecinos no erradica, por cualquier razón, o cuando los topógrafos que deben verificar la erradicación no pueden entrar por cuestiones de seguridad, la directora del Programa Presidencial para los Cultivos Ilícitos reconoce que hay que inventar nuevas reglas de juego.

Pero el mapa de ruta que define el norte del desarrollo alternativo en Colombia, que fue creado en 2002, tenía como año de terminación el 2006. Desde entonces, no ha habido correcciones, ni nuevas formulaciones. Hoy, en Planeación Nacional, no hay claridad con respecto a quién responde por este tema. El Espectador, de hecho,  llamó a varias de sus instancias, pero fue enviado de un lado para el otro sin obtener respuesta.

El sabor que queda en la boca, sin embargo, es que allí en las zonas donde pulula la coca, la guerra y el abandono, la política de cero ilícitos deja a los campesinos a su suerte, en manos de los grupos armados.

La política de ‘cero ilícitos’

 

Preocupado por el nivel de dinero invertido durante la primera fase del Plan Colombia en programas como el Plante y los pobres resultados en materia de erradicación de cultivos de coca, el Gobierno Uribe resolvió crear nuevas reglas de juego en el año 2002. A través del Conpes 3218 crearon el programa ‘Familia guardabosques’, así como proyectos productivos de cacao, caucho, palma de aceite y café.

Ahí nació la política de “cero ilícitos’, según la cual ninguna vereda puede recibir ayuda del Gobierno si tiene hoja de coca en su territorio.

La política debía ser revisada en 2006, pero no sucedió.

Vientos de cambio en Estados Unidos

Washington ya no desembolsará dinero para la militarización de la guerra contra las drogas de manera tan fácil. Y por eso, de muchos sectores provienen hoy voces que llaman al fortalecimiento del desarrollo alternativo como estrategia. Esta semana, el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) emitió un informe dirigido a Barack Obama en el que piden al mandatario proseguir con el Plan Colombia, pero presenta tres recomendaciones a su gobierno: eliminar la ayuda militar a unidades del ejército que irrespeten el derecho internacional; eliminar la aspersión aérea y fortalecer el desarrollo alternativo, e invertir en las instituciones sociales y judiciales.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Blog Robinson "¿Cómo modernizar a Colombia?"

 

¿Cómo modernizar a Colombia? En línea: http://bit.ly/1uXhHw3  
Por: James A. Robinson * Especial para El Espectador. 2015.

Hoy, cuando escribo estas líneas, he podido observar dos lados de Colombia. Con frecuencia hablo de esa sociedad dual que existe en este país, pero hoy solo una de ellas fue parte de dicha dualidad: la de los campesinos y activistas en Apartadó. La segunda no fue la usual imagen opuesta a la de los campesinos, esa de las élites (tanto la del tuxedo como la del orangután). Esta vez eran jóvenes educados, creativos, nerds, emocionados con sus computadores, en competencia en Cartagena por el diseño de una aplicación (app) para la paz; jóvenes procedentes de ciudades como Manizales, que tienen más en común con jóvenes en los Estados Unidos que con cualquier persona en Apartadó.

¿Cómo es que Colombia se va a modernizar? Bueno, estos jóvenes que vi hoy ya son modernos. Lo que se requiere es que puedan transformar a la sociedad para que sea como ellos. Max Planck, el gran físico alemán, decía que “la ciencia avanza con cada funeral”. Quizá lo mismo sea cierto para las sociedades.

Pero, ¿cómo sería esa transformación posible? Ciertamente no luchando por la tierra o institucionalizando la pobreza en la periferia con la distribución de “40 acres y una mula”.

El Gobierno colombiano está todavía promoviendo la noción de que la solución del problema agrario pasa por la restitución de tierras y la redistribución de baldíos y de tierras mal habidas. De esta manera, crecen las esperanzas de la gente —cuando todos sabemos que esto es en realidad imposible de conseguir— y se aplaza la posibilidad de que la gente tome la decisión de rendirse y hacer algo distinto.

Al mismo tiempo, la redistribución de la tierra no puede ser la forma de resolver los conflictos en Colombia, porque por su naturaleza la reforma agraria es de suma-cero: o la tengo yo y tú no, o al contrario. Nada es más propenso al conflicto.

Colombia será moderna si esos jóvenes nerds superan al campesinado y hacen a la élite tradicional tan innecesaria y anacrónica como llegó a serlo la aristocracia británica.

- Ejemplos de otras partes

Existen muchas sociedades exitosas hoy que resolvieron su problema rural ignorándolo y dejándolo marchitar. Las sociedades alrededor de las plantaciones de azúcar en las islas de Barbados y Mauricio lo hicieron. Las mismas familias blancas tradicionales siguen siendo dueñas de los cañaduzales, pero la gente entendió que su futuro estaba en otra parte; y lo estaba.

Inglaterra hizo lo propio. En el siglo XVIII, Inglaterra experimentó los cercamientos rurales y un gran desplazamiento de gente desde el campo, gente que obtenía su sustento del suelo que pisaba. El libro Paseos rurales, de William Cobbett, y El trabajador del campo, de John y Barbara Hammond, son reveladores.

La gente se mudaba a las ciudades y pueblos y durante ese siglo se vieron significativos incrementos en la concentración de la tierra. ¿Por qué no hubo una acción política hacia una reforma agraria o la redistribución de las tierras? Porque el futuro estaba en otra parte.

Podríamos pensar incluso en que los Estados Unidos nunca resolvieron el problema agrario en el sur, y el sur finalmente comenzó a equipararse con el resto del país cuando la mayoría de los afroamericanos comenzaron a emigrar en los años cuarenta del siglo pasado.

Alguna vez le pregunté a un político de la isla Mauricio ¿por qué, cuando toda la tierra era propiedad de “les grand blancs” (“los grandes blancos”), no hubo nunca una reforma de tierras? Me respondió: “¿qué futuro hay en cortar caña; usted querría que su hijo fuera un cortero de caña?”.

Si uno quiere hoy ver a “los grandes blancos” tiene que ir a las carreras de caballos en Port Louis una tarde de domingo. Como también sucede en Inglaterra en las carreras de Ascot, en donde la aristocracia observa los caballos y casa a sus hijos e hijas entre ellos mismos.

Una vez uno toma la ruta de pelear por la tierra, corre el riesgo de terminar como en Zimbabue, en conflicto y declive económico.

- Contra toda lógica

Esto genera una pregunta importante para la situación en Colombia: ¿Por qué es que incluso quienes fueron brutalmente aterrorizados y desposeídos, como los pobladores de El Salado, quieren retornar y reconstruir sus comunidades, aun cuando su tierra ha sido robada? ¿Por qué ven un futuro en “cortar caña”?

Admiro profundamente su valentía, recursividad y la ayuda que obtienen de organizaciones como la Fundación Semana. Pero cuando visité El Salado vi mucha pobreza, un centro de salud cerrado porque los salarios de los empleados no habían sido pagados y estaban en paro. Las bodegas en donde anteriormente se compraba tabaco, el único producto agrícola comercial, se convirtieron en billares. Hay paz pero no hay empleos y hasta donde pude ver hay pocos prospectos, excepto en la tierra que fue robada y que es ahora usada por los ocupantes de “buena fe” (según la Ley de Víctimas), como Cemento Argos. ¿Qué es lo que atrapa a la gente en situaciones como esta?

Obviamente esto es excelente para las élites colombianas. Después de todo, ¿quién va a cortar los racimos de plátano en Apartadó y a trabajar en el baldío adquirido de forma dudosa en Vichada? Y de pronto esto es parte de la historia de la eterna promesa de la reforma agraria: prometerla hasta el cansancio pero nunca hacerla realidad y así la élite obtiene lo mejor de los dos mundos: nunca en realidad va a sacrificar la tierra, pero se mantiene la fuerza de trabajo en el lugar con la esperanza de que la reforma suceda en algún momento.

Mi madre nació en un barrio trabajador llamado South Bank, a orillas del río Tees, en el norte de Inglaterra, y su único objetivo en la vida era salir de allí para nunca más volver. ¿Cómo lo hizo? Entró a la escuela de gramática en Saltburn. ¿En dónde está esta opción en El Salado?

- Una vía alternativa

La educación es un juego de suma positiva: mi proceso educativo no impide el de los demás y la educación no amenaza los intereses directos de nadie. ¿Por qué entonces no hay una discusión sobre educación en La Habana?

Todo esto se basa en que la gente no sólo tenga acceso a educación, sino que también tenga oportunidades. Esta es, en mi opinión, una discusión mucho más provechosa. Sí, existen toneladas de barreras de entrada y de monopolistas en Colombia, pero dudo que esto sea más difícil de solucionar que el problema de la tierra. No subestimo los problemas de las zonas urbanas en Colombia, que ciertamente no son un paraíso. Sin embargo, la pobreza es menor, los servicios públicos y escuelas son mejores, la política es más progresiva y hay muchas más oportunidades. Esa es la real discusión sobre una Colombia moderna.

Un punto final. Bajo ese modelo, ¿cómo se pacifica el campo? Esto no fue un problema en Barbados, Mauricio o incluso Inglaterra. Creo que, como lo entendió Vicente Castaño, se debe usar a la élite para hacerlo. Castaño dijo: “...en Urabá tenemos cultivos de palma de aceite. Yo mismo he persuadido a empresarios para que inviertan en esos proyectos productivos de largo plazo. La idea es que los ricos inviertan en esos proyectos en diferentes zonas del país. Cuando los ricos lleguen allí, las instituciones del Estado vendrán detrás. Infortunadamente, las instituciones estatales solamente participan en estas aventuras cuando los ricos están metidos. Tenemos que llevarlos a todas las esquinas del país y esa es una de las misiones de nuestros comandantes”.

En algún sentido, esto fue lo que hizo Estados Unidos. Creó inmensos incentivos para que los capitalistas sin escrúpulos construyeran vías férreas e infraestructura y permitieran que las sociedades de frontera funcionaran (solamente harían dinero si la gente iba a esos lugares y eso solamente era posible si había paz y servicios).

Una hipótesis simple sobre el ímpetu de paz en Colombia es que de repente la periferia se ha vuelto un valioso recurso natural y la ruta paramilitar para la pacificación terminó teniendo muchos efectos colaterales. Así es que los intereses económicos quieren la paz, de esa manera pueden hacer dinero, para ello quieren aportes del Estado y tienen la influencia suficiente para que todo ello suceda (a lo Vicente Castaño).

- Élites y paz territorial

¿Hay modelos alternativos? Hay uno, ese del alto comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, cuando habla de la “paz territorial”. En este modelo, aún en desarrollo, habría un rebalance del poder político hacia la periferia y un proceso de movilidad social que obligaría a las instituciones del Estado a funcionar de una mejor forma: logrando que rinda cuentas y que cumpla con la reforma agraria y la provisión de bienes públicos y, finalmente, terminando los conflictos y el vacío de autoridad que ha creado tantos estragos en los últimos 50 años.

Es un muy buen plan, pero ¿es posible implementarlo? No tengo dudas de que la gente se pueda movilizar. Vi a muchas personas llenas de pasión y articuladas en Apartadó. Pero ¿pueden escapar de la sombra del clientelismo y la violencia? Sólo si el Gobierno realmente tiene la capacidad y el deseo de ayudarlos. ¿Y lo tiene?

En la década de 1960, la movilización de campesinos por una reforma agraria con la creación de la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) fue increíblemente exitosa, pero fracasó porque asustó terriblemente a la élite política colombiana y no tuvo una forma efectiva de interactuar con el Estado para hacerlo funcionar de una mejor forma. Colapsó en una orgía de desilusión y de líderes asesinados. ¿Qué es diferente ahora?

Los colombianos deberían enfrentar la realidad que Vicente Castaño conocía cuando hablaba de la Colombia periférica. La lección de la historia de Inglaterra es que si bien el poder de las élites no puede ser negado, estas sí pueden ser domesticadas y sus energías canalizadas en direcciones socialmente útiles. Esto puede crear un tipo de paz territorial diferente, no tan deseable como la que concibe el comisionado Jaramillo, pero posiblemente más realista. Si el Gobierno quiere que este plan sea real, necesita comprender mejor los obstáculos que enfrenta e imaginar una reorientación dramática en la relación entre la Colombia central y la periférica.

¿Es esto justo y razonable? Probablemente no. Pero la historia no es justa. Miremos a Sudáfrica. Han apostado a poder retirar el estatus de los blancos, pero sin tratar de joder a los blancos para seguir la ruta de Zimbabue. Lo están haciendo con educación, acciones afirmativas y redistribución.

*Deseo agradecer a Tulio Róbinson-Ángel por su ayuda en el trabajo de campo en El Salado. También a la Fundación Semana por su hospitalidad durante nuestra visita a El Salado.

Listas al Congreso, ¿Todos representados? Los retornados colombo venezolanos "como la guayabera, por fuera"

Recientemente los partidos y movimientos que recogieron firmas presentaron las listas de candidatos que aspirarán al Congreso de la Repúblic...